Taller de fracasos

El fracaso es la clave para el éxito, o al menos ese es el mantra de moda en el mundo del management y de la autoayuda,. ¿Es cierto del todo esa frase? Tener fracasos hace que aprendamos como no debemos hacer las cosas y, de hecho, difundir las cosas que se hacen mal (como en los talleres de fracasos) es un método muy interesante para tener claro que no siempre todo sale bien. Pero mejor que entremos en materia.

Lo primero, ¿es factible basar el aprendizaje sólo en los fracasos? Algunos piensan que aprender del fracaso está sobrevalorado, como dice Jason Fried en su blog 37 Signals, que reflexiona sobre la necesidad de pensar en el fracaso como en una forma de hacer las cosas mal, pero que no debe ser la guía única de la nueva estrategia o de la nueva forma de hacer las cosas. No obstante, en muchos entornos y grupos de trabajo, analizar un fracaso, localizar las causas del error y rediseñar el proceso para logar el éxito puede ser una gran herramienta de mejora y de aprendizaje grupal. Una magnífica exposición sobre el tema la hizo Rafa Pardo en su blog hace más de un año.

En 2004, Amy C. Edmondson (de la Harvard Business School) publicó en la revista Quality & safety in Health Care el artículo «Learning from failure in health care: frequent opportunities, pervasive barriers» en el que analizaba las posibilidades del aprendizaje basado en el fracaso y las barreras que dificultan su desarrollo en las organizaciones sanitarias. Los obstáculos a este tipo de aprendizaje que presenta el trabajo de Edmondson son: 
– El clima de trabajo en las organizaciones sanitarias inhibe las conversaciones interprofesionales basadas en las dudas, las preguntas y los desafios. Poca gente cuestiona en voz alta los actos propios y ajenos y eso oculta los posibles focos de error. De hecho no existe una cultura basada en asumir errores y comunicarlos.
– El diseño de trabajo actual en sanidad promueve mucho más la resolución rápida de los problemas que el análisis de sus causas.

Quizás precisamente por ese origen cultural de la aversión a que el error sea público y además debatido, y como paso previo al cambio, sea necesario implantar talleres de errores, sesiones de revisión de errores o incluso que los congresos incluyan (sin miedo) alguna sesión de comunicaciones de errores. Aprendizaje y cambio cultural, todo en uno.

Un buen ejemplo de aprendizaje basado en errores son los sistemas de notificación de eventos adversos que persiguen mejorar la seguridad del paciente en base a la experiencia real de los profesionales. Sin embargo, mientras no se implante una cultura de la seguridad real en el sistema sanitario, seguiremos teniendo tasas bajas de notificación. 

¿Empezamos con los talleres de fracasos? Seguro que alternarlos con los de éxitos o los de «venta de motos» viene bien para seguir con los pies en el suelo. Y además así vamos cambiando la cultura de la organización y así quizás algún día hablar de lo que hacemos mal sea la mejor forma de obtener feedback para mejorar.

Nota: otro día hablaremos del estilo directivo basado en la búsqueda de culpables y no en la solución de problemas o en la mejora.

Salud con cosas

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